martes, 28 de junio de 2011

Los cimientos de la infancia...

Que nadie pretenda que entienda el por qué de ciertas cosas.

Un día salgo corriendo, otro día me paseo tranquilamente, o pego un acelerón… pero siempre con mis sueños, con mis principios y mis ideales de la mano.

Y si alguien los quiere desafiar,  absténganse… los desafío yo, y mucho es.
Desde que aprendí a respirar por mí misma, he tenido claro el sentido de mi vida.
Seré una luisa, pero voy a luchar por lo que quiero. Porque sé que voy a dedicar mi vida a ello, cueste lo que me cueste.
O por lo menos voy a luchar por ello, porque mi lucha acaba de empezar. Y por muy mal que esté el mercado laboral, perdóname, pero quiero dedicar mi vida a aquello que me hace plenamente feliz.

Feliz se puede ser de muchas formas. Te puede hacer feliz una persona que te demuestra que está ahí cada vez que lo necesitas, te puede hacer feliz el plasmar tus emociones en un cuatro al óleo o en las paredes de tu barrio, puedes ser feliz escribiendo el próximo hit del verano o simplemente anotando tus pensamientos en un pequeño cuaderno que guardas en ese último cajón, puedes ser feliz olvidando un amor o volviéndote a enamorar…

Pero la razón de mi felicidad es la materia prima de mi pensamiento. Y cada día me levanto para serle fiel, le soy y le seré fiel… porque sé que el mundo necesita otra realidad con la que fundirse.
Y esa realidad empieza desde muy abajo, desde lo mas simple, desde lo más fácil y lo más complejo… LA EDUCACIÓN.

Así que ella voy a dedicar mi esfuerzo, mis ganas, mis silencios y mis gritos.
Porque no solo es importante que terminen cada curso con las tablas de multiplicar aprendidas, no.
Parto de la base de que la razón puede limitar el pensamiento de esas personitas que acaban de comenzar a pensar…  Así que,  por lo que debemos de luchar como maestros, madres, hermanas, primas, titas, sobrinas, vecinas y conocidas es por despertar en la infancia las ansias de volar y de cambiar cada pequeño detalle que les perturbe el instinto. Y que sean conscientes de que no les hace falta ningún punto de apoyo para levantar su mundo.


Eso es en lo que tiene que creer cada uno, en su mundo.
Y la ternura de la niñez y la pureza de su pensamiento, no tiene ni límites ni fronteras para luchar por otra realidad, por otro mundo.


Así que a luchar!! 
Por que si no te gusta esta realidad, vamos a cambiarla. 
Y si te gusta, seguro que a la vuelta de la esquina hay otra que te gusta mucho mas.
Yo voy a luchar porque sí, porque el mundo puede cambiar. Y desde los cimientos se empieza la evolución del futuro!

El vivir es un regalo, así que regalemosle a la vida una evolución para mejor.

sábado, 11 de junio de 2011

...del derecho o del revés...

Mañana de sábado, día chico hace para salir y tomarse unas tapitas al sol.
Acompañada de buena música prosigo con mi día... enclaustrá en mi casa rodeada de libros, apuntes, letras, letras y alguna que otra fórmula matemática.
Dejo atrás una semana que se dio la vuelta y se trucó... como diría mi abuela "estaba de dió".
Esa libretita en la que vuelco mi pensamiento ha sido testigo de mi mañana inspirada, aquí os lo dejo. 


Del derecho o del revés,
aquí me ves.

¿Tú qué ves entre el cielo y el suelo?
Yo, un corazón sincero.

Juegas a pensar
sin el más allá.
Yo de ahí quiero escapar.

Todo pasa y nada cambia;
mi vida es solo mía
y tú pretender conjugarla
según tu dicha.

Perdóname,  no te puedo comprender;
Si tú quieres, compréndeme.

Hoy, habrá fuego.
Mañana, se ahogará la llama.

Esperaré sentada,
con esa tal “esperanza”.

Mi desatino se calma
si tú cambias.
Aunque callada, me tragaré tus lágrimas.

Quizás no todo sea como tu crees.
Yo cambié por ti, y ahora aquí me vés,
Tu del derecho y yo del revés.
Todo, porque no lo quieres ver.

Perdóname,  no te puedo comprender;
Si tú quieres, compréndeme.


viernes, 10 de junio de 2011

Te debo mucho...

Cada día los astros se alinean y van describiendo su propia trayectoria. Y hacen que se crucen en tu camino esas personas que nunca desaparecen de tu vida.

Hace unos catorce años se alinearon a mi favor, y nos conocimos.
Yo no tenía ni seis años…  y ella tenía ya veinticinco.

Diecinueve años de diferencia
Ella, la experiencia de la vida dilatada… yo,  aprendiendo a respirar el sentido de vivir.
Mil imágenes de mi infancia y de mi juventud tienen grabado su nombre.
Mil millones de instantes…

Raro era el día de la semana que sonaba el timbre a las dos de la tarde y yo no salía corriendo para verla, darle un beso e irme con mi abuelo a comer.

Uno, dos, tres… jamás me aprendí nada a la primera… pero es que ese “Carmen se va contigo, repasa con ella esto”  esa voz penetrante, me daba vida.

Ese dinero ahorrado con la ayuda de mi madre para comprarle un regalo de su lista de boda, unos vasos… Para nada porque a ella no te hacen falta vasos, se bebes la vida de un sorbo.

Su afán, sus ganas y  su lucha por conseguir aquello que quería… no se merecían unas lágrimas que rompieran aquella sonrisa con la que apareció un día por la puerta del gimnasio.  Una ilusión que se truncó posiblemente antes de tiempo. Lloré igual que lloró ella.

Cuando yo terminé el Colegio, todo un mundo por descubrir. 
Ella ya había recorrido mundo y empezó una nueva vida.  Orgullosa como la que más de verla sentada en esos silloncitos rojos con ese letrero lleno de arte “abailá”.

Cuando yo estrenaba un candao para amarrar la bici.
Ella estrenaba un Smart amarillo y negro, para desafiar a la mala suerte.  

Cuando me aterraba dar un salto, quitarme un peso de encima y gritar.
Ella me escuchó, porque muchas veces solo hace falta dejar de oír para escuchar. Y me dijo “adelante, si yo he podido, tú puedes”.


Lo mismo ha hecho de madre, que de hermana mayor, que de prima juerguista, de amiga que comete locuras…
Son esas imágenes que siempre permanecerán en mi retina.
Y son esas, sus palabras, las justas y las necesarias…. las que han estado ahí cuando han tenido que estarlo.


Los años pasa, la vida pasa… pero todo queda.

He vivido muchas cosas a su lado,
Me enseñó a sentir, a palpar y a refugiarme en una melodía o  en un taconeo.
Me enseñó a disfrutar el bailar al compás y el ir a contratiempo con el mundo.
Me enseñó a quitarle importancia a las cosas que realmente no merecen la pena.
Me enseñó a vivir por lo que realmente merece la pena vivir, la felicidad.
Me enseñó a plantarle cara a las cosas que vienen de frente.
Me enseñó que una retirada a tiempo, es de sabia.
Me enseñó que la vida merece la pena vivirla por y para una misma.
Me ha enseñado que la amistad no es verse todos los días, si no estar ahí en esos momentos.

Su vida, suya, solo suya… y hace de su día a día un desafío.
Jamás deja de luchar por sus sueños… nunca los deja escapar.
Mil veces le conté mi vida… mil veces me dio consejo.
El día que el destino nos unió, el cosmos entró en una singular armonía.

martes, 7 de junio de 2011

Siente que sin ti, el mundo no seria igual...

Amanece,
el sol entra por tu ventana, las sabanas te acarician.
Te cuesta abrir los ojos, los abres poco a poco.
Has pasado la noche al son de tus sueños y al compás de ese lado de tu cama.

Te levantas y sin miedo comienzas tu día.
Al fin y al cabo, cada uno tiene su camino y su dicha.

Te miras al espejo,
sabes lo que piensas cuando te miras…
te auto-prohíbes no buscar la felicidad.

Con un lavao de cara,
creas tu historia cada mañana.

Con un café,
energía para luchar por lo que quieres.

Y con el telediario, vuelves a darte cuenta de que sus vidas no valen menos que la tuya.
Así que, prometes que tendrás un momento para la gente que te necesita.

Te vistes.
Si el mundo va descalzo,
tú ponte zapatos y a borrar las huellas de las suelas.

Frente a frente con la puerta,
sonríe a los problemas.

La llave gira,
tus ganas son esa vuelta y media que abre la puerta.

Con un portazo,
rompe el miedo a los recuerdos.

Un viaje astral en ascensor,
convierte en realidad tus sueños.


Ahí vamos… veinticuatro horas que la vida te da
 y también te las quita.


Siente que sin ti, el mundo no seria igual...